viernes, 8 de mayo de 2015

AHORA TE COMPRENDO MAMÁ

Ahora te comprendo mamá 


Un día una mujer supo que iba a tener un bebé. Su corazón latió más fuerte, se sintió envuelta en un gozo como nunca antes lo había sentido. Salió de la consulta del ginecólogo como en las nubes, sus pies parecían no pisar el suelo. Miró a su alrededor y todo le pareció hermoso, sintió el aire más puro, vio los árboles más frondosos, el cielo más azul… La alegría de su corazón era tan grande, que no podía evitar caminar con una sonrisa en los labios. Era el día más feliz de su vida, el día en que había sabido que iba a ser mamá por primera.
Llegó a su casa y preparó una cena especial para su esposo, quería adecuar el ambiente para darle la noticia. Llegó el esposo y ella esperó a que cenara, entonces le dio la gran noticia. Los minutos que siguieron fueron de inmensa alegría. Lágrimas de felicidad asomaron a los ojos de ambos y se unieron en un amoroso y estrecho abrazo.
Comenzaron los preparativos para recibir a ese bebé tan ansiado. Adquirieron todo lo necesario a través de esos meses de espera. Sufrió todas las incomodidades de los primeros tres meses, los mareos, las náuseas, pero todos esos malestares no tenían la menor importancia para ella, mayor era su dicha que cualquier molestia física. El cuerpo de la mujer fue cambiando, ella sentía los movimientos de ese nuevo ser y se sentía rebosante de amor y felicidad. Llevaba un tesoro dentro de sí, su tesoro más preciado. A medida de que pasaba el tiempo, se le hacía más pesado el andar, su vientre se ponía enorme, pero eso tampoco le importaba. Otras mujeres le habían dicho muchas tonterías respecto a lo que iba a sufrir su cuerpo, que quedaría gorda, que no volvería a tener cintura, que se le iba a caer esto y aquello, pero ella no dejaba que esos malintencionados avisos influyeran en su vida y mucho menos le quitaran esa ilusión tan grande de ser mamá.
Y llegó el día en que su ansiado hijo quiso salir de su tibio refugio materno. Fue como a las dos de la mañana cuando empezó a sentir que su cuerpo se preparaba para el gran acontecimiento. Recordó la cita bíblica donde dice: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor…”, pero no le temía al dolor, estaba dispuesta a padecer todo lo necesario para que su hijo naciera. Al paso de las horas, los dolores se hacían más intensos. Acostada en su habitación de la clínica, esperaba paciente, encogiéndose en cada contracción, pero sin queja alguna. Su amado esposo, a su lado, tomando su mano, le daba ánimos y le decía palabras de amor. Llegó el momento en que sintió que ya no podía aguantar más, sentía la necesidad de gritar, se retorcía de dolor. Nunca se imaginó qué clase de dolor sería ese. Las palabras cariñosas de su esposo no tenían ningún efecto en ella, todo su ser se centraba en ese dolor insoportable.

Trató de no pensar en el dolor y vino a su mente su madre, cómo debió haber sufrido al momento de tenerla, antes, ese le parecía un tema intrascendente. Ahora reflexionaba, consideraba a su madre y la admiraba por su valentía al haber tenido cinco hijos. Ahora no pensaba en su dolor, sino en el de su madre. Se avergonzaba de las veces que le había faltado el respeto, en las veces que al verla cansada, limpiando la casa, no le había ofrecido su ayuda. Recordó también las veces que su madre le pidió que la ayudara en algún quehacer y ella se negó diciendo que tenía mucho que estudiar, pero se iba a su cuarto a escuchar música. En un par de segundos, como una ráfaga, vinieron a su mente algunos eventos que ahora le causaban tristeza y vergüenza respecto a su madre. Ahora comprendía todo lo que sufren las madres para dar la vida a un hijo, y luego cuántos sacrificios hace por él, sin pedir nada a cambio, sin embargo ese hijo ¿cómo le paga después? En medio de su dolor, pidió perdón a Dios por no haber sido una buena hija y prometió pedirle perdón a su madre y tratar de recompensarla como ella se lo merecía, dándole todo el amor y las atenciones que por estar ocupada en sí misma no le había dado.

El médico se acercó a la cama, la examinó y le dijo que ya estaba lista para dar a luz. La llevaron a la sala de partos y unos minutos después tenía a su hijo en brazos. El dolor se había esfumado, solo sentía una felicidad indescriptible por ese lindo bebé que Dios le había dado y porque sentía tranquila su conciencia después de esa confesión y su buen propósito, que por supuesto estaba decidida a cumplir.

La llevaron a su habitación. Allí la esperaban su esposo, su madre y sus hermanos, además de sus suegros. Después de las felicitaciones y muestras de cariño de todos los presentes, una enfermera les pidió que salieran para que ella descansara, pero ella solicitó la presencia de su madre. Todos se quedaron sorprendidos, pero fueron saliendo de la habitación. También le pidió a la enfermera que saliera por unos momentos. Cuando quedaron solas ella y su madre en la habitación, no pudo evitar que salieran gruesas lágrimas de arrepentimiento de sus ojos. Su madre no comprendía la causa de esas lágrimas, entonces su hija le dijo:

-       "Mamá, yo quiero pedirte perdón porque no he sido un (a) buen (a) hijo (a), porque no te he valorado ni te he respondido como tú te lo mereces. Ahora sé cuánto cuesta tener un hijo, ahora sé todo lo que tú sufriste para darme la vida, pero no solo hablo del dolor físico mamá, tú has sufrido por mí también esa otra clase de dolor, que es peor que los dolores de parto, el dolor de la indiferencia de una hija por la cual lo diste todo. Me diste tu cuerpo para que me sirviera de refugio mientras me estaba formando, luego ese mismo cuerpo tuyo me alimentó para que permaneciera viva, después me diste tus horas de descanso cuando yo lloraba, ¡cuántas noches pasaste en vela para cuidarme mamá cuando yo enfermaba y nunca escuché que te quejaras!, ¡cuántos días y noches dedicados a mí y a mis hermanos y nunca lo aprecié! …Pensaba que era tu obligación, pero ahora sé que no lo hacías por obligación, sino por amor, ese amor tan grande e incondicional que siente una madre por sus hijos desde antes de darlos a luz”- Ambas se abrazaron como desde hacía tiempo no lo hacían y luego miraron hacia la cuna, ¡realmente ese bebé había traído grandes bendiciones a sus vidas!"

"Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa". 
Salmos 127:3 NVI

Escrito por: Angélica García Sch. 
Para: www.mujerescristianas.org

martes, 5 de mayo de 2015

TEMA: El alto precio de nuestra salvación 
TEXTO: Éxodo 13:22 

INTRODUCCIÓN: 

Es de gran valor comprender cuál fue el alto precio de nuestra salvación. Esto nos ayuda a amar más al Señor por haberse entregado por nosotros. 

También nos permite apreciar nuestra salvación y no descuidarla, entender el costo de la obra de nuestro Señor también nos debe de impulsar a compartirla con todos. 
Gran razón tuvo el Señor al haber guerreado espiritualmente en el Getsemaní contra su naturaleza humana que se resistía a enfrentar el sufrimiento. 


I. ¿CUÁL FUE EL ALTO PRECIO QUE PAGO EL SEÑOR POR NUESTRA SALVACIÓN? 

a. LA TRAICIÓN (San Mateo 26:46) 
1. Uno de sus cercanos lo traicionó 
2. Aceptó dinero a cambio de entregarlo 
3. Este fue un golpe bajo para nuestro Señor


b. LA NEGACIÓN (Juan 18:25-27) 

1. Otro de sus discípulos más cercanos lo negó 
2. Esto debe haber sido un golpe fuerte para el Señor 


c. LA HUMILLACIÓN 

1. La multitud vino a Él con espadas y palos, como que era un ladrón (Mateo 26:55) 
2. Los líderes religiosos lo rechazaron enviándolo a Pilato (Mateo 27:1-2) 
3. Lo desnudaron, le pusieron una corona de espinas, le escarnecían, le escupían y le golpeaban la cabeza. ¡Una verdadera humillación! (Mateo 27:28-30)


d. LA CRUCIFIXIÓN (Juan 19:18) 

1. Solo los asesinos morían en una cruz 
2. Solo los ladrones, salteadores y violadores morían en la cruz 
3. Haber sido crucificad fue la más grande humillación que recibió el Señor.


II. ¿CUÁL DEBE SER NUESTRA RESPUESTA AL SEÑOR? 

a. Reconocerlo como Salvador 
b. Amarlo como nuestro Señor 
c. Servirle con todo el corazón d. Esperarlo con gran abnegación. 


CONCLUSIÓN: 

Mi amigo que respuesta le darás al amor del Señor. Mi hermano que harás ante el precio que Él pago 


BUSCALO, ENCUENTRALO Y SIGUELO

lunes, 27 de abril de 2015

TEMA: BENDITA GRACIA 
TEXTO: EFESIOS 2:1-10 

INTRODUCCIÓN: 
Por experiencia personal puedo decirles que lo mejor que me ha pasado en la vida es haber conocido a JESÚS. 
Toda mi vida fue completamente transformada al haber conocido a Jesús. Mis costumbres, creencias, valores y formas de ver la vida fueron cambiado. 
Al ver hacia el pasado de mi vida en cuanto al antes de venir al Señor, puedo alabarlo por su misericordia. Hay personas que temen hacerse cristianos por todo lo que supuestamente tienen que dejar. Al pensar en esto llego a la conclusión de que ¿y yo que tuve que dejar?
Realmente nada 
- No tenia dinero para decir que lo dejé. 
- No tenia bienes materiales tampoco
- No tenía preparación académica 
- No tenia comodidades, sueños, anhelos y aspiraciones. 
Todo fue un regalo de Dios para mi vida. Todo ha sido por la pura y bendita gracia del Señor.

I. POR SU GRACIA SALÍ DE LA MUERTE ESPIRITUAL (EFESIOS 2:1-3) 
a. Antes estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (v. 1) 
b. Antes: 

  1. Seguíamos la corriente de este mundo 
  2. Andábamos conforme al príncipe de la potestad del aire 
  3. Vivíamos los deseos de la carne 
  4. Hacíamos la voluntad de la carne 
  5. Practicábamos pensamientos malos 
  6. Éramos por naturaleza hijos de ira. (por que éramos lo que merecíamos)                       (Todo lo anterior está en los versículos 2-3) 


II. SU GRACIA FUE RICA EN MISERICORDIA (EFESIOS 2:4-9) 
a. La base de gracia y misericordia es su amor (v.4) 
b. Su gracia permitió que recibiéramos vida espiritual (v.5) 
c. Su gracia nos resucitó y nos dio una posición espiritual (v.6) 
d. Las abundantes riquezas de su gracia las manifestó Jesús en nosotros (v.7) 
e. Nada de lo anterior es por lo que nosotros hayamos hecho (v.8-9) 

CONCLUSIÓN: 
El venir a Jesús y recibir una vida nos permite disfrutar de la gracia de Dios que preparó de antemano para nosotros (v.10) ¡Disfrutemosla!

lunes, 30 de marzo de 2015

EN EL POZO DE LA DESESPERACIÓN

en el pozo de la desesperacion

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
Salmos 40:1-2

Cierta tarde, una pequeña cabrita se separó de sus congéneres de la granja y se fue a caminar por el campo. El animalito caminó y caminó entre la hierba, sin rumbo fijo. La tarde avanzaba y el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, hasta que se hizo de noche. Entonces la cabrita se sintió muy asustada y quiso regresar a la granja con los suyos, pero no podía ver nada en medio de la oscuridad. Se había alejado mucho y ahora no sabía qué camino tomar para regresar. Se sintió desesperada y comenzó a correr de aquí para allá, cuando de pronto sintió que no había nada bajo sus patitas y se dio cuenta de que estaba cayendo. Aterrorizada gritó pidiendo auxilio, pero no había nadie en las cercanías que la pudiera escuchar. Pensó que iba a morir, pero súbitamente cayó sobre suelo firme. Se sintió un poco adolorida por el golpe, pero aliviada de no seguir cayendo. No sabía dónde estaba, pensó que había caído a un barranco. Trató de trepar sin conseguirlo, pero siguió intentándolo toda la noche. Por la mañana, la pequeña cabrita estaba exhausta, pero por fin pudo ver una luz. La luz provenía de arriba y se dio cuenta de que donde había caído no era un barranco, sino un viejo pozo seco. Se daba cuenta de que no iba a conseguir salir de allí por sus propias fuerzas y que lo único que podía hacer era esperar a ser rescatada.

Quizá alguna vez te has encontrado en una situación parecida a la de esta pequeña cabrita… quizá ahora mismo te encuentras en graves problemas y estás cayendo en el pozo de la desesperación. De repente se hizo de noche y te sientes perdida. Has estado tratando de solucionar ese problema en tus propias fuerzas, pero no has hallado la salida. Sientes que estás en el fondo de ese pozo seco, en medio de la oscuridad y no hay nadie quien te ayude. Cuando nos alejamos de Dios, perdemos el rumbo de nuestras vidas. Nos internamos en un camino áspero, lleno de tropiezos y vamos dando vueltas en círculo, sin llegar a ninguna parte. Nos caemos y nos queremos levantar gracias a nuestros propios esfuerzos, sin dejar que Dios nos ayude. Según avanzan las horas, poco a poco se empieza a hacer de noche y ya no podemos ver nada. Mientras más nos alejemos de Dios, más oscuridad nos rodeará porque la ausencia de Dios es ausencia de luz. Estaremos como dentro de un pozo del que no podremos salir. Entonces vendrá la desesperación y la angustia, porque donde Dios no está, tampoco hay esperanza. La única salida, cuando te encuentras en la profundidad de un pozo, se encuentra arriba. Asimismo, arriba está la solución a todos nuestros problemas: “Así que no se preocupen diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿Qué beberemos?" o "¿Con qué nos vestiremos?" Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” (Mateo 6:31-43 NVI)

Los baches de la vida sirven para aprender a depender de Dios. Muchas veces Él permite que nos alejemos y vaguemos por caminos desconocidos, para que nos demos cuenta de que sin Él no llegaremos a ninguna parte. Lo importante es que como la cabrita de la historia, reconozcamos que la única salida a nuestros problemas se encuentra allá arriba, desde donde viene la luz. Pero debemos tener paciencia, la ayuda puede tardar un poco, quizá porque necesitamos permanecer un tiempo más en el pozo, a oscuras, para reflexionar sobre nuestra conducta o sobre lo que hay en nuestro corazón.
Es en medio de los problemas cuando se nota lo cerca o lo lejos que se encuentra una persona de Dios. Una persona que busca la salida a sus problemas, confiando en sus propias fuerzas, se desespera y se desanima, no está confiando en un Dios que todo lo puede, lo está dejando afuera de su vida. No piensa en Él ni cuando se encuentra en dificultades. Esta persona se encuentra en el fondo de un pozo sin siquiera saberlo, un pozo en donde no hay ninguna luz arriba y por lo tanto no hay ninguna salida.

¿Y qué de aquellas personas que dicen creer en Dios, pero solo se acuerdan de Él cuando se encuentran en dificultades? Estas personas piensan que Dios es como un pozo de los deseos, donde tiran una moneda y el deseo les es concedido. La bondad y misericordia de Dios no tiene precio, no se paga con nada. De nada les sirve clamar a Dios con todas sus fuerzas, levantando las manos o yéndose de rodillas hasta algún lugar o hacer sacrificios, pero nada de esto quiere Dios. Él no quiere sacrificios, sino obediencia. Cuando Dios nos ayuda, lo hace por su pura gracia. Tener un Dios por conveniencia es producto de una fe nula.

Otras personas se acuerdan de que Dios existe para culparlo de sus desgracias o para hacerse las víctimas: “Es voluntad de Dios que yo tenga que padecer en esta vida”… Dios no quiere que nadie padezca la vida, sino que la disfrute: “…yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” (Juan 10:10 b) Una vida plena es la que Dios quiere para cada uno de nosotros. Sin embargo, muchos piensan que el llevar una vida de sufrimiento los hace merecedores del cielo, pero nada más lejos de la verdad. Hay un solo camino al cielo y éste se llama Jesucristo.

Finalmente, el que una persona esté cerca de Dios, no garantiza que nunca caerá al pozo, pero ella sabe que si cae, no lo hará sola, tiene la certeza de que la ayuda llegará en el momento propicio y esperará calmadamente a que ésta llegue, porque sabe que Dios nunca la abandonará. La verdadera fe se manifiesta en las buenas y en las malas y nuestra actitud hacia Dios debe ser la misma cuando estamos bien que cuando estamos pasando por dificultades.

Si hoy sientes que te encuentras en el fondo de un pozo y no sabes cómo salir, mira hacia arriba, pero no dejes de hacerlo cuando ya estés afuera, no seas un creyente por conveniencia ni finjas una fe que no tienes. Busca a Dios, conócelo, ámalo, mantente cerca de Él y comprobarás que con Él estarás siempre segura.
Escrito por: Angélica García Sch.
Para: www.mujerescristianas.org

martes, 20 de enero de 2015

TEMA: “DIOS REAFIRMA SU BENDICION A SU SIERVO” 
TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS 9:1-17 

INTRODUCCION: 
Hemos aprendido que Noé experimento esta bendición, ya que fue: Justo, Perfecto y camino con Dios, además de que fue un hombre cuidadoso en hacer todo conforme Dios se lo mandó todo lo cual lo condujo a ser influyente con su familia, de tal manera que él con toda su familia entraron al arca y fueron salvos. En el estudio de hoy veremos que después del diluvio Dios hace pacto con su siervo. ¡Que lindo es saber que tenemos un Dios que hace alianza con nosotros! 

Examinemos este pacto:
I. UN PACTO DE BENDICION. (V. 9.1-7)
A. Dios profirió bendición, fructificación y multiplicación para Noé y su familia (v.1). 
B. El deseo que Dios manifestó fue que el hombre fructificara en todo lo que hiciera, se multiplicara en todo. (v.7). C. Dios quiere que seas bendecido. Deléitate en Él, búscalo por sobre todas las cosas y recibe su bendición. (Sal.37:4; Mateo 6:33).

 II. UN PACTO DE AUTORIDAD. (V.2-3)
A. El hombre recibió autoridad sobre todo ser viviente. (v. 2-3). 
B. Por fieros que fueran los animales el hombre los dominaría.

CONCLUSIÓN: 
¿Qué podemos aprender de este pacto?
Dios no se esconde de siervos dejándolos a la deriva en esta vida. Siempre Dios está dispuesto a hacer pacto con nosotros.
Su pacto será de bendición.

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